La pandemia del COVID-19 ha conseguido algo inaudito en el mundo del deporte; que a nivel planetario la inmensa mayoría de las competiciones regionales, nacionales e internacionales se detuvieran sin saber cuándo se reanudarían, si es que tienen oportunidad de hacerlo en la vigente temporada. Las competiciones que todavía no se han iniciado han sido aplazadas unos meses o hasta el año siguiente: Juegos Olímpicos de Tokio, la Eurocopa, la Copa América, etcétera. A fecha del 31 de marzo 2020, el único megaevento programado antes de agosto que sigue en pie es el Tour de Francia. El pasado 26 de marzo, la ministra francesa de Deportes, Roxana Maracineanu, aseguró que era “imaginable” un Tour sin espectadores, pues su presencia no tiene tanto peso económico porque no pagan entradas para verlo a pie de carretera. No solo el deporte profesional ha sufrido las consecuencias, sino también el amateur, el escolar y el universitario.

Desde que a finales del siglo XIX e inicios del XX el deporte se convirtió en un fenómeno de masas, nunca había ocurrido nada parecido. Ni en los peores escenarios del siglo XX, las dos guerras mundiales, el deporte había desaparecido de esta manera. Si bien los Juegos Olímpicos de 1916, 1940 y 1944 fueron anulados por dichas guerras, así como el Mundial de fútbol entre 1938 y 1950, en algunos casos el deporte a nivel internacional continuó, por ejemplo la Copa América. Aunque durante la primera mitad del siglo XX, a pesar de ya ser el deporte un fenómeno de masas, no tenía la repercusión mediática y económica que alcanzó en la segunda mitad.

La actual globalización, iniciada con la caída del muro de Berlín en 1989, posee importantes diferencias políticas, económicas y sociales respecto a las anteriores globalizaciones, lo cual la hacen única (Sánchez, 2017). Por ejemplo, ha significado la unificación de un modelo económico planetario, con la única excepción de Corea del Norte —Cuba ya acepta algunos medios de producción privados—. Todo ello también tuvo consecuencias en el mundo del deporte, tanto desde el punto de vista económico en donde las marcas deportivas accedieron al libre mercado de los antiguos países comunistas, como en el deportivo al poder tener los deportistas del este de Europa libertad de movimiento, poder competir en las grandes ligas y acceder a suculentos contratos profesionales y publicitarios.

Si nos centramos en el deporte profesional, el que mueve las grandes cifras de repercusión mediática, vemos como los números no han parado de crecer; cada Olimpiada, Mundial de fútbol, Super Bowl, final de Champions, de NBA, etcétera, reúne a un mayor número de telespectadores y las cifras que pagan las televisiones por sus derechos aumentan exponencialmente.

Gracias a las televisiones, los clubes de las grandes ligas de los deportes más populares (fútbol, fútbol americano, baloncesto, béisbol, hockey hielo, rugby y criquet) generan cifras astronómicas: 80 mil millones de euros anuales, según analizó en el 2018 Víctor Mathesson (Torres & Ciriza, 21 de marzo 2020). Lo cual significa que si las competiciones se detienen también se cancelan las retrasmisiones y con ello los ingresos de los clubes. El empresario Jaume Roures, cuya empresa Mediapro está dedicada a los derechos televisivos de importantes ligas europeas, calcula la pérdida de 7 mil millones de euros para los clubes europeos si por la pandemia no se reanudan las ligas nacionales y la Champions antes de final de temporada, que en Europa es en el mes de junio. Por eso ya se comenta que podrían finalizar a finales de julio o inicios de agosto para evitar tales pérdidas.

Según Sarremejane (2016) el deporte mueve el 3 % del PIB mundial, alrededor de 650 mil millones de euros. Cifra que a finales de 2019, antes del inicio de la pandemia del Coronavirus, seguro que era superior. Estos datos llevan a Sarremejane a considerar al deporte como un instrumento de la economía, en donde todos sus actores se ven influenciados por ella; jugadores, clubes, organismos deportivos… Y si ya de por sí parecía evidente, los actuales hechos todavía lo corroboran con más fuerza.

La lentitud con la que el Comité Olímpico Internacional tomó la decisión del aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio hizo sospechar que estaban prevaleciendo los intereses económicos por encima de la salud de los atletas y espectadores. Así como las prisas que han mostrado algunas ligas y clubes europeos de fútbol en poner prontas fechas a la reanudación de las competiciones, pues no volver a competir hasta la siguiente temporada sería un tremendo golpe para sus finanzas, que son imprescindibles para mantener a sus figuras o fichar a nuevas. Después de tantas semanas sin fútbol, todos son conscientes que la primera de las grandes ligas que se ponga en marcha (Premier League, Calcio, LaLiga o la Bundesliga) meterá un gran gol con las audiencias televisivas globales, y eso se traduce en muchos millones. Así que no solo están en juego los títulos, sino el poderío económico, ergo futbolístico, de las siguientes temporadas.

Jorge Illa Boris
Docente a Tiempo Completo de las asignaturas Deporte y política, Globalización: enfoque cultural y económico e Historia Contemporánea
Coautor del libro: La inevitable globalización

Referencias

Torres, D. & Ciriza A. (21 de marzo 2020). Sociología del vacío deportivo. El País. Recuperado de https://elpais.com/deportes/2020-03-21/sociologia-del-vacio-deportivo.html?ssm=whatsapp [Consulta: 29 de marzo 2020]

Sánchez, O. (2017). ¿Cuánto conoces acerca de la globalización y qué es lo mínimo que deberías saber sobre este proceso?. En Oscar Sánchez (comp.) La inevitable globalización. Enfoque cultural y económico del escenario mundial  (pp. 21-46). Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

Sarremejane, P. (2016). Los tres niveles de instrumentalización del deporte de alto nivel: implicaciones éticas. Fair Play. Revista de Filosofía, Ética y Derecho del Deporte, (vol. 4, No. 1, pp. 101-128).